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Los pavimentos flotantes presentan la ventaja de poderse instalar sobre otros suelos o pavimentos sin necesidad de demoler el pavimento preexistente. Tan
solo es necesario extender una capa de espuma, caucho o cartón para eliminar pequeñas irregularidades sobre la superficie, que ha de ser lisa y estar nivelada, no soportando desniveles superiores a 1 cm. No obstante, por motivos de seguridad e higiene, se recomienda retirar si es posible el pavimento anterior.
La capacidad para colocar este pavimento sin retirar el preexistente, así como su rapidez de instalación, lo convierten en el tipo de suelo más utilizado en refomas.
Al no estar solidarizado con el forjado, también tiene buenas propiedades acústicas a los ruidos de impacto, como los producidos por los tacones, pues este tipo de ruidos se transmiten por la vibración de la estructura. Sin embargo, pisar un suelo flotante produce un sonido peculiar que no suele ser apreciado para viviendas. Una buena colocación, evitando dejar holguras bajo la tarima, así como la colocación de mantas de material amortiguador bajo la misma, suelen paliar estos efectos.
Por norma habitual, en la unión entre piezas emplea el sistema de clic, que no necesita clavos ni adhesivos. Por ser un pavimento prefabricado, precisa poca mano de obra, es de fácil y rápida instalación.
La diferencia básica entre las tarimas flotantes radica en la que la última capa puede ser de madera noble o de material sintético. Se pueden agrupar en 3 tipos:
Se compone de varias capas, normalmente de derivados de la madera, siendo la última capa un compuesto sintético que puede variar
de composición, pero que generalmente es un compuesto de resinas de melamina a alta presión, que lleva impreso un dibujo imitando madera o incluso a otros materiales. Existe un gran mercado de este producto, con gran cantidad de estilos, formatos, colores y texturas disponibles, existiendo imitaciones de prácticamente todas las maderas naturales (Roble, Haya, Ipe), así como de piedra o cerámicas. También se comercializan acabados con relieves, ya que ciertas marcas ofrecen un acabado rústico. El grosor total de la pieza suele ser de entre 7 y 12 mm .
Imita muy bien a la madera, es relativamente sencillo de instalar, y ha ganado popularidad en los últimos 20 años debido a lo sencillo de su mantenimiento y, sobre todo, a su precio, mucho más económico.
El formato es de lama rectangular, con dimensiones variables desde 85 × 32 × 1,8 cm hasta 245 × 29 × 2 cm según las marcas y el estilo a elegir.
El pavimento laminado puede estar garantizada, por norma general, desde 10 años hasta 35 años. Está recomendada para zonas de alto tránsito en el hogar o local, así como para zonas húmedas. La composición laminada del producto le permite resistir mejor las tensiones de deformación, y el acabado sintético es más duro que la madera, por lo que resiste mejor los arañazos y los tacones. También reacciona mejor a las manchas, y los laminados de alta gama incluso a las quemaduras de cigarrillos. Son especialmente populares en casas de familias con niños o mascotas. Existen pavimentos laminados con pase en PVC y superficie laminada especiales para contacto con agua, cocinas, y baños. Los laminados de mejor calidad son empleados también en bares y discotecas, por su resistencia a las manchas y a las quemaduras de cigarrillo.
Debido a que el laminado sintético puede presentar muy diversas propiedades según el fabricante, los suelos se clasifican en cinco calidades según la norma EN 13329.[1] Estas categorías son el resultado de un test de abrasión, donde una máquina somete al suelo a una serie de frotados con una rueda de papel de lija, hasta que el dibujo decorativo pierde su apariencia original.
Según el número de vueltas soportadas, los suelos se clasifican en:
Las categorías comerciales suelen ser las tres últimas, y los anunciantes las recomiendan según los siguientes usos: